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Materiales para una guerrilla de los cuerpos

Gerard se centra en la producción del saber desde el discurso biologisista y sobre la construcción social de la sexualidad y el género. Aborda la contraposición biologismo versus el cuerpo como construcción social, yendo un poco más allá de anular o ponderar alguna de ellas. Pone en tensión hipótesis biologisistas, discursos médicos y la mirada de la ciencia moderna. A partir de ahí desarrolla la concepción del cuerpo como construcción social desde las aportaciones de Laqueur sobre la construcción de la diferencia sexual en el ámbito médico y de Emily Martin sobre la construcción médica (y androcéntrica) de los procesos corporales femeninos (menstruación, embarazo). Y también señala las especificidades que ha planteado la teoría queer.

Alejandra aborda rupturas epistemológicas y críticas que han introducido los feminismos al problematizar estas disciplinas e instituciones. La crítica feminista apunta a desmontar la contrucción heteropatriarcal de la ciencia y lanza el reto de una epistemología feminista que ponga en el centro una reflexión en torno a las modalidades de producción de los saberes y en concreto en relación al cuerpo. La constitución de una ciencia no patriarcal requiere de prácticas de experimentación que pongan en el centro la manera en que producimos estas experticias. También requiere de un proceso que tienda a desnaturalizar la idea de conocimiento verdadero/cientificista. Desnaturalizar categorías que ha planteado la ciencia moderna para medir y generar conocimiento (binarismos: verdadero/falso, hombre/mujer). Cuando planteamos el tema del cuerpo desde los feminismos todo esto es puesto en cuestión. En este sentido, el heteropatriarcado, en tanto disciplina corporal histórica de gran alcance, tiene un peso especial. La producción de sexualidad es clave en la organización económica del trabajo y de las sociedades; no podemos entender el capitalismo sin esa tecnología heteropatriarcal cuyo objeto de actuación es el cuerpo.

Gerard señala 3 perspectivas que han abordado el tema del cuerpo:

  • Escencialismo

Especificamente el que hoy en día tiene más fuerza, que es el biologisismo. Determinación genética. Marcar qué es lo que se espera de hombres y mujeres, naturalizarlo de tal manera que no quede alternativa a algo que no entre en estas categorías. Esta concepción de la diferencia de género se justifica bajo el argumento de la naturaleza o de la biología. El libro 'La inevitabilidad del patriarcado' de Steve Goldberg sería un ejemplo de análisis que desde la ciencia han intentado argumentar que los roles sexuales tienen un fundamento biológico. Este tipo de explicación legitima la violencia sexual, la sumisión, la desigualdad.  

Este tipo de explicación biologisista ha sido cuestionado desde diversos enfoques. Por citar dos: por un lado críticas políticas por las consecuencias que comporta en la medida en que nos plantea como esclavos de nuestras hormonas y genes sin posibilidad de intervención en nuestras vidas, desempoderándonos. A la vez, también se lo critica desde las propias ciencias naturales. Frente al planteamiento biologisista empiezan a surgir, en el marco mismo de la ciencia, críticas que parten no únicamente de un desacuerdo ideológico, sino que señalan que científicamente la concepción biologisista es errónea. Un ejemplo de esta crítica a la falta de fundamentos del biologisismo sería el libro 'No está en los genes' de Lewontin, Rose y Kamin (1984). Explicar al ser humano desde concepciones darwinianas, ha tendido a igualar la evolución de las especies animales con el ser humano. Estos autores señalan que no se puede explicar al ser humano igual que a los animales, ya que en el primero la dimensión cultural juega un papel fudamental. El ser humano no se acaba de configuar hasta que no está en contacto con la cultura. Lo que plantean estos autores es que el ser humano es cultura y naturaleza. Aunque el ser humano se encuentra constituido en el marco de unos cuerpos específicos, ésta dimensión biológica no puede ser entendida como una determinación inmutable, sino como una constante actualización. El ser humano es, en ese sentido, responsable de cómo quiere vivir y organizar la sociedad. Aquí es donde empezará a introducirse el debate naturaleza-cultura en el análisis de la diferencia sexual.

Gerard también, señala la importancia de evidenciar contextos específicos donde se ha reutilizado el esencialismo como una herramienta estratégica. Ese esencialimo estratégico utiliza determinadas categorías de identidad que a priori parecerían fijas con una estrategia de fondo como puede ser que no se anulen determinadas posiciones o identidades que historicamente han sido segregadas o invisibilizadas, de fondo están objetivos tales como politizar un conflicto, una postura, crear vínculos, etc.

  • Construccionismo social

Este planteamiento concibe el género y la sexualidad en tanto construcción social. Desde diferentes campos de las ciencias sociales que a partir de los años ochentas empiezan a cuestionar los procesos de producción de saber y verdad al interior de la ciencia, se introduce la discusión de que el género es una construcción social.  Todo es producto de una cultura. Plantea que no hay nada natural en el ser humano, que todo es cultural. Es decir, que las categorías 'hombre' y 'mujer', así como otras asociadas a la diferencia sexual y la desigualdad de género no son realidades dadas sino producciones simbólicas arraigadas en el lenguaje. El construccionismo social plantearía que las palabras y categorías lingüísiticas que usamos para nombrar la realidad, producen realidad.

Aunque el planteamiento del construccionismo social ha sido útil en su potencia para desnaturalizar la dimensión determinista, cerrada y acabada del género, también tiene ciertas limitaciones. Una de ellas sería plantear que todo en la diferencia sexual y en la desigualdad de género es producto de lenguaje, dejando de lado las dimensiones materiales en las que esta diferencia se encarna, performa y actualiza constamentente. Plantear que todo es una construcción semiótica o lingüística corre el riesgo de asumir que con sólo cambiar el lenguaje o nuestras categorías podrá subvertirse la realidad, sin tomar en cuenta los dispositivos, tecnologías, distribuciones espaciales y cuerpos singulares en los que la desigualdad se encarna y estabiliza.

A la vez, también el construccionismo social ha recibido críticas dado que en ocasiones ha impulsado a pensar que decir que 'algo es cultural' era, por sí misma, una afirmación progresista o emancipatoria. Como si lo cultural fuera modificable y lo biológico no. O asumiendo que si algo era cultural era más fácilmente modificable o transformable. Cuando lo cierto es que nada nos asegura que aquello que es cultural pueda cambiarse más fácilmente que aquello que respondería al orden de la biología. María Jesús Izquierdo, al respecto, hace aportes en sus análisis sobre cultura y biologisismo poniendo como ejemplo que aunque en la naturaleza humana no nos está dado volar, para el ser humano ha sido posible construir dispositivos que le permiten el vuelo (o adaptarse a condiciones climáticas que en principio no le hubieran sido posibles). En cambio, transformar situaciones 'sociales' o 'culturales' de desigualdad se ha debelado como una cuestión mucho más difícil de transformar. En ese sentido, concluye María Izquierdo, argumentar que porque algo es cultural, es más fácilmente transformable, sería erróneo. 

  • Teoría Queer

Surge de una serie de innovadoras prácticas y formas de encuentro que vienen del movimiento gay y lesbiano -atravesado por la condición migrante y mestiza, chicana y negra-  en los años 90s en Estados Unidos. La teoría queer surge como una crítica a las identidades puras y fijas. Estas prácticas surgen como una crítica a fracciones del movimiento gay y feminista que se habían institucionalizado, endocéntricas, que se componían desde un discurso social acomodado, blanco y de clase media. Critica la idea de reivindicar la normalidad, por ejemplo el no querer reivindicar derechos tales como el podernos casar. También critican las identidades como si la cosa fuera “salir del armario”,  y en cambio se plantea la concepción de un deseo cambiable, modificable, móvil (y en ese sentido pondrán también en tensión categorías como hombre/mujer, heterosexual/homosexual). Y ahí vuelven a plantear la cuestión estratégica aún partiendo de la idea de género y la sexualidad como una construcción social.  En este sentido, la teoría queer se nutre de una serie de especificidades que la singulariza en su abordaje del cuerpo y la sexualidad como constructo social fuertemente vinculado a la noción de performatividad, el género como una cuestión que es constantemente encarnada, performada y actualizada y que en esa medida se mantiene siempre abierta a su transformación. 

A la vez, Gerard señala una serie de contradicciones que atraviesan algunos de los planteamientos en el marco de la teoría queer, que pueden ser útiles para retomar durante el curso:  

  • Dimensión voluntarista. ¿Es la tranformación y performatividad de nuestros cuerpos una cuestión de decisión y voluntad? Por un lado, señala una mirada si se quiere 'voluntarista' de transformación de los cuerpos y su dimensión performativa. Esta dimensión voluntarista correría el riesgo de dar por hecho la posibilidad de mantenernos desde 'un afuera', concibiendo al ser humano como un agente soberano que puede definirlo todo en lo que hace a su cuerpo. Si bien esto es empoderador, desconoce por momentos todos los condicionantes a los que estamos relacionados para estar en el mundo, estamos sujetos a categorías, dependemos de otros y entonces tenemos margen para redibujarnos pero tenemos que partir la existencia de elementos que configuran determinadas condiciones..          
  • Lenguaje y materialidad. Por otro lado, está el tema del lenguaje y la materialidad. Gerard cita a Preciado para indicar una ausencia en esta perspectiva que entiende el cuerpo como un texto que tú puedes cambiar, modificar de una forma inmaterial. E indica que no toda la teoría del activismo queer entiende el cuerpo o aborda el cuerpo bajo los mismos términos como si fueran sólo una cadena de significantes, sino que existen algunas perspectivas que se encuentran más ligadas a la materialidad de los cuerpos, muy situados en el surgimiento de la teoría queer que sufre junto con la crisis del sida que evidencia la materialidad del cuerpo.

Y para cerrar su interevención, Gerard hace una pequeña reflexión en abierto: “hasta aquí hemos logrado politizar el deseo. Ahora, quizás el reto sea politizar la mutua dependencia”.

 

Por su parte Alejandra inicia su intervención, con un ejercicio o intento de explicitar desde dónde hablará:

  • Cuando hable sobre la epistemología, es decir cómo se concibe el cuerpo desde la forma de conocer en la apuesta feminista, lo hará como académica.

  • También aboradará la cuestión de la diferencia sexual, hablando de ello, en este caso, como madre.

  • Para cerrar su intervención abordará el cuidado de los cuerpos y lo hará como feminista.

Como punto de partida en su intervención, Alejandra parte de:

a) Una crítica al socioconstruccionismo

b) Una mirada crítica sobre la ciencia tradicional.

c) Y por último, hacia la búsqueda de un conocimiento encarnado, es decir, que parta del cuerpo.

  • Una crítica al socioconstruccionismo

En relación al socioconstruccionismo, existen tres críticas que se le plantean. La primera apunta a una suerte de asunción en la que “todo es lenguaje, podemos pasar por alto lo material”. Hay toda una línea neomaterialista, dentro del feminismos que abordan relelecturas de Marx, lecturas neomaterialistas. También relecturas de la cuestión del poder (Foucault) que apuntan a que en ese “todo es lenguaje” hay una reducción que pasa por alto cuestiones del poder. Si yo puedo construir todo a partir del lenguaje, ¿dónde queda esa parte más material? Esta línea que critica este paso por alto de la dimensión material, parte también de una crítica al relativismo.

  • Una mirada crítica sobre la ciencia tradicional

En la ciencia esto es muy evidente. Las feministas empiezan a interesarse por el estudio de las ciencias, muchas vienen de las ciencias sociales pero otras no, como es el caso de Dona Haraway. Ellas debaten con otros teóricos que hacen críticas a la ciencia durante la mitad del siglo XX. Destacan epistemólogas feministas en los años 80s que discuten sobre esto en la línea de las revoluciones científicas. Vale aquí sobre todo focalizar que en la ciencia hay paradigmas que dominan en ciertos momentos y son los que se dan por hecho y en relación a ellos en momentos determinados se dan cambios de paradigmas. Foucault habla de la ciencia como un discurso, habla de 'epistemes' habla de estos discursos que hacen que en un determinado momento sea posible pensar algo y en particular, pensar algo en términos de verdad. Y las feministas agregan a esto el señalamiento de que la ciencia está 'generizada'. Es decir, que la ciencia ha pasado históricamente por ese filtro: quiénes han hecho ciencia, quiénes podrían ser científicos han sido aquellos sujetos blanco, varón, burgués. Con todas esas marcas. Así, diversas académicas feministas empiezan a hacer una crítica a la manera en que se produce un conocimiento que es fundamentalmente hecho por hombres, occidentales, blancos y burgueses.

Esta dicotomía sujeto/objeto es una presencia constante en la ciencia. Y además se puede sumar a lo que es la biología y la cultura. La 'mujer' es el lado biológico, lo natural, el objeto. Y el hombre es el que conoce, sujeto que tiene una cultura. Las feministas plantean cómo estos varones son los que tenían el aval para estudiar estos objetos de la naturaleza. Durante una época, sobre todo en la modernidad, es cuando la misoginia está presente. La misoginia se puede leer en distintas citas de la ciencia que dicen cosas tales como “así como el cuerpo femenino se ha de penetrar, el objeto de ha de conocer, escudriñar”. Pensemos que era también la época de la cacería de brujas.

  • La búsqueda de un conocimiento encarnado

La búsqueda de un conocimiento encarnado surge de un proceso en el que diversas investigadoras y teóricas feministas van poniendo de relieve esta cualidad 'generizada' de lo que hasta ahora ha marcado el rumbo de la ciencia. De ahí surgirán diversas corrientes de la epistemología feminista. Algunas epistemólogas feministas señalan: hay que corregir la ciencia porque está generizada, hay que corregir los sesgos de género. Otras dicen, la ciencia es ya en sí misma patriarcal, deberíamos crear otra ciencia. Otras más posmodernas - es la perspectiva que podemos encontrar en Dona Haraway - toman cosas de distintas corrientes y hablan de 'conocimientos situados', 'encarnados', que pasan por el cuerpo. Haraway habla de la metáfora de vista y de la visión como el sentido a recuperar. Tiene muchos juegos de lenguajes, “la vista puede ser buena para evitar oposiciones binarias”. Intenta señalar el truco de la ciencia que ve sin ser vista, que representa evitando la representación: el conocedor está ahí pero él no es conocido, no se muestra. Es el truco de dios, parecer que está por encima de todo, mirándolo y desde ahí habla desde la verdad. Haraway habla de los cuerpos marcados, y el reclamo que ha mantenido hasta ahora la ciencia de hablar desde la categoría no marcada o 'neutral'. A partir de ahí, señala que hay que evitar esta negación de la mirada y decir desde dónde se habla. Es decir, situar nuestra mirada y desde ahí es desde donde conoceremos. Haraway habla de 'la particularidad' y de la encarnación de toda visión. Se aleja de posturas relativistas y por el contrario, defiende la objetividad, pero una que no esté por encima de aquello que mira y negando a esa carne situada que conoce. Necesitamos una escritura feminista del cuerpo, visualizar y aprender en nuestros cuerpos.

Al respecto de la 'diferencia sexual', es necesario tomar en cuenta que éste es un concepto filosófico que va mucho más allá de poder acogerlo sólo en la cuestión de posicionarse ya sea del lado del feminismo de la igualdad o de la diferencia. Si bien que la cuestión de los derechos tiene que ver con la materialidad. Luce Irigaray está en la línea postestructuralista que ha introducido advertencias feministas sobre el esencialismo. Como Simone de Beauvoir, esta propuesta implica tanto la descripción como la denuncia del falso 'universalismo'. Este hombre blanco -el universal masculino- es el único sujeto y la mujer es el otro del sujeto. Lo que ella denuncia en relación a la difencia sexual es que el universalimo es falso. Parte del falogocentrismo, de lo androcéntrico y del vicio del sólo pensar, lo superracional, donde no cabe el cuerpo sólo cabe la razón y lo femenino es reconocido como lo otro. Volvemos entonces a plantear que evidentemente existe ese peligro de señalar el esencialismo biologista, pero existe también el esencialimo estratégico. Gayatri Spivak habla banstante de ello. Si no obviamos el poder y las diferencias, entonces toca rescatarlo. En esta línea, algunas feministas hablan del privilegio de mirar desde los márgenes. Otras, como Haraway, dicen sí, pero no caigamos en el truco de dios. Ahí radicaría la potencia del esencialimo estratégico porque permite un territorio desde el cual enuncias, buscas hacer inteligible y desde qué plano lo defiendes de manera explícita. A la vez, Rosi Braidotti va leyendo a varios autores que apuestan por la deconstrucción (Deleuze, Derrida). Defiende la diferencia sexual diciendo “desde la experiencia de la mujer encarnada”, desde una experiencia de x mujer es esa y sin intento de ir al universalismo. Alejandra señala el derecho a partir de una experiencia propia.

Alejandra cierra invitando a una reflexión en torno a algunas nociones incipientes que tienen que ver con el cuidado. En “El cuidado de sí”, Foucault habla de las operaciones que se hacen sobre la mente y el cuerpo. Este cuidado de sí, está presente en toda la cultura occidental con todas las prácticas capitalistas que le han atravesado. En esta dimensión se introduce también el cuidado de otros. El cuidado de otros nos plantea la pregunta de dónde recae este cuidado, en quiénes. Pensamos aquí en las cadenas globales de cuidados que son femenizadas y con un alto componente de experiencias migrantes. Y con el hecho de que la profesionalización de los cuidados se encuentra también fuertemente femenizada. Aquí Alejandra lanza una apuesta por la sostenibilidad de la vida, lo que Cristina Carrasco desde la economía feminista plantea como la necesidad de “replantearnos la productividad”. Alejandra cierra su intervención con una pregunta en abierto: ¿Para qué querer la igualdad de derechos si no nos vamos a olvidar de otras cuestiones que no deberían ser tarea sólo de las mujeres, cuando deberían ser de todos y todas. Estas maneras de sostener la vida compartidamente son las que tienen que ponerse también, que no sólo, en el centro.

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