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Contra el Leviatán y contra su historia

Any edició:
2019
Secció: 
Sub-secció:
ISBN:
9788417190743
Pàgines: 460
EUR
15,00 €

Siguiendo las pistas del Leviatán

¿Quién es el monstruo que está matando el planeta, borrando de la faz de la tierra todo lo salvaje y convirtiendo la libertad en una mentira piadosa?

A la figura en el centro de su obra maestra, Fredy Perlman la llama “Leviatán”. Este monstruo bíblico ya fue, desde el principio, un símbolo para el imperio babilonio que atormentaba al pueblo semita, cuyos orígenes se encuentran en la huida del dominio de otro imperio. El filósofo inglés Thomas Hobbes hizo del Leviatán una metáfora todavía más infame en su apología por el poder estatal, cuando dijo que lo único que les correspondía a los súbditos era obedecer.

Para Perlman, el Leviatán representa el Estado en su sentido más profundo y amplio; no sólo la institución administrativa de una sociedad, sino la construcción de la sociedad misma, su maquinaria, su espiritualidad muerta, su militarismo, sus relaciones alienadas y patriarcales, su desprecio por la naturaleza y sus tecnologías de poder.

Explica la historia de cómo apareció y cómo se ha desarrollado la civilización dominadora, no desde una distancia abstracta y dogmática, sino con una intimidad y lucidez que se hace agudamente relevante para entender las hipocresías y jaulas disfrazadas que nos rodean en nuestro presente. Nos obliga a presenciar la guerra contra la comunidad, la abundancia y la naturaleza —y la expansión de esta— generación tras generación, empezando en la época de Sumeria y siguiendo hasta el día de hoy. Capítulo a capítulo, vamos conociendo la gran máquina en la cual estamos atrapadas. Es un conocimiento que inspira odio y alivio a la vez, mostrándonos todo lo que nos ha sido robado y conectándonos con una resistencia tan antigua como la dominación misma.

Como bien dice su título, Contra el Leviatán y contra su historia, este libro no pretende situarse en una neutralidad erudita, sino que es una contribución a la lucha, un intento de desenmascarar el monstruo para que las personas atrapadas en sus entrañas podamos quitarnos la armadura psicológica que nos hace identificarnos con lo que nos domina.

No obstante, Fredy basó este relato en una investigación que duró media década y le llevó a sitios arqueológicos en tres continentes. Aunque utiliza un lenguaje tirando a lo poético —muchas veces la sensación que tiene la lectora es la de estar sentada al lado de la hoguera escuchando los cuentos que cuenta el abuelo— entrelaza en el escrito referencias a docenas de escritores, historiadores y filósofos (la mayoría de ellos fieros defensores del Leviatán) además de poesía, leyendas y citas irónicas.

A lo largo del ensayo, va creando un lenguaje propio, apropiado de la historia de nuestras derrotas y desastres, que sirve como arma, como flecha ardiente que dispersa las mentiras que nos han cegado para señalar claramente nuestro enemigo. Es un lenguaje que también sirve para desmitificar el pasado y mostrar una continuidad en la dominación durante miles de años.

Observando como los sumerios no tenían ninguna palabra para “esclavo” ni “trabajador” (es en ese momento cuando, por primera vez en la historia humana, se introdujo el trabajo forzado), decide etiquetarles de “zeks”. Zek lo toma prestado de Archipiélago Gulag. Es jerga rusa para referirse a preso o recluso en los campos de concentración de la Unión Soviética. Esta elección irónica pone de relieve como ha habido tantas excusas, coartadas y mitologías acerca del trabajo forzado como ha habido leviatanes, civilizaciones autoritarias. Se ha justificado el trabajo forzado por la condición de ser extranjero, de ser cautivo de guerra, de ser deudor, de no tener sangre noble, de ser del continente equivocado, de ser delincuente, de ser proletariado e incluso de ser enemigo del proletariado. Pero al final, es lo mismo. Desde que apareció el Leviatán, siempre ha necesitado convertirnos en zeks.

Perlman se empeñó en no utilizar formas leviatánicas para contar la historia del Leviatán. Subraya el concepto de his-storia, “la historia de él”, para visibilizar y criticar la manera en que nos han enseñado la historia de nuestro presente, de la que se supone es “nuestra” civilización. Ridiculiza el patriotismo, la megalomanía, la teleología de estos relatos que hacen desaparecer todo lo que no conviene y hacen de cárceles abiertas, patrias, y de asesinos en masa, héroes.

Es una narración sumamente humana. No mide esta historia en años, sino en generaciones y nos recuerda lo que podría significar ser humano, celebrando la abundancia de la comunidad y de la Madre Tierra.

-RDF CARD-
9788417190743
460
2019

Siguiendo las pistas del Leviatán

¿Quién es el monstruo que está matando el planeta, borrando de la faz de la tierra todo lo salvaje y convirtiendo la libertad en una mentira piadosa?

A la figura en el centro de su obra maestra, Fredy Perlman la llama “Leviatán”. Este monstruo bíblico ya fue, desde el principio, un símbolo para el imperio babilonio que atormentaba al pueblo semita, cuyos orígenes se encuentran en la huida del dominio de otro imperio. El filósofo inglés Thomas Hobbes hizo del Leviatán una metáfora todavía más infame en su apología por el poder estatal, cuando dijo que lo único que les correspondía a los súbditos era obedecer.

Para Perlman, el Leviatán representa el Estado en su sentido más profundo y amplio; no sólo la institución administrativa de una sociedad, sino la construcción de la sociedad misma, su maquinaria, su espiritualidad muerta, su militarismo, sus relaciones alienadas y patriarcales, su desprecio por la naturaleza y sus tecnologías de poder.

Explica la historia de cómo apareció y cómo se ha desarrollado la civilización dominadora, no desde una distancia abstracta y dogmática, sino con una intimidad y lucidez que se hace agudamente relevante para entender las hipocresías y jaulas disfrazadas que nos rodean en nuestro presente. Nos obliga a presenciar la guerra contra la comunidad, la abundancia y la naturaleza —y la expansión de esta— generación tras generación, empezando en la época de Sumeria y siguiendo hasta el día de hoy. Capítulo a capítulo, vamos conociendo la gran máquina en la cual estamos atrapadas. Es un conocimiento que inspira odio y alivio a la vez, mostrándonos todo lo que nos ha sido robado y conectándonos con una resistencia tan antigua como la dominación misma.

Como bien dice su título, Contra el Leviatán y contra su historia, este libro no pretende situarse en una neutralidad erudita, sino que es una contribución a la lucha, un intento de desenmascarar el monstruo para que las personas atrapadas en sus entrañas podamos quitarnos la armadura psicológica que nos hace identificarnos con lo que nos domina.

No obstante, Fredy basó este relato en una investigación que duró media década y le llevó a sitios arqueológicos en tres continentes. Aunque utiliza un lenguaje tirando a lo poético —muchas veces la sensación que tiene la lectora es la de estar sentada al lado de la hoguera escuchando los cuentos que cuenta el abuelo— entrelaza en el escrito referencias a docenas de escritores, historiadores y filósofos (la mayoría de ellos fieros defensores del Leviatán) además de poesía, leyendas y citas irónicas.

A lo largo del ensayo, va creando un lenguaje propio, apropiado de la historia de nuestras derrotas y desastres, que sirve como arma, como flecha ardiente que dispersa las mentiras que nos han cegado para señalar claramente nuestro enemigo. Es un lenguaje que también sirve para desmitificar el pasado y mostrar una continuidad en la dominación durante miles de años.

Observando como los sumerios no tenían ninguna palabra para “esclavo” ni “trabajador” (es en ese momento cuando, por primera vez en la historia humana, se introdujo el trabajo forzado), decide etiquetarles de “zeks”. Zek lo toma prestado de Archipiélago Gulag. Es jerga rusa para referirse a preso o recluso en los campos de concentración de la Unión Soviética. Esta elección irónica pone de relieve como ha habido tantas excusas, coartadas y mitologías acerca del trabajo forzado como ha habido leviatanes, civilizaciones autoritarias. Se ha justificado el trabajo forzado por la condición de ser extranjero, de ser cautivo de guerra, de ser deudor, de no tener sangre noble, de ser del continente equivocado, de ser delincuente, de ser proletariado e incluso de ser enemigo del proletariado. Pero al final, es lo mismo. Desde que apareció el Leviatán, siempre ha necesitado convertirnos en zeks.

Perlman se empeñó en no utilizar formas leviatánicas para contar la historia del Leviatán. Subraya el concepto de his-storia, “la historia de él”, para visibilizar y criticar la manera en que nos han enseñado la historia de nuestro presente, de la que se supone es “nuestra” civilización. Ridiculiza el patriotismo, la megalomanía, la teleología de estos relatos que hacen desaparecer todo lo que no conviene y hacen de cárceles abiertas, patrias, y de asesinos en masa, héroes.

Es una narración sumamente humana. No mide esta historia en años, sino en generaciones y nos recuerda lo que podría significar ser humano, celebrando la abundancia de la comunidad y de la Madre Tierra.

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