Buit

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ciudad, La

Editorial: 
Any edició:
2010
Secció: 
ISBN:
9788425223310
Pàgines: 80
EUR
20,00 €

Este texto tiene su origen en un seminario celebrado en el Centro Sant’Apollinare de Fiesole. Las ponencias de Massimo Cacciari han sido transcritas cuidadosamente por Tonino Nasuto y revisadas por el responsable del centro. A pesar de que el texto conserve voluntariamente cierto estilo 'hablado', no está exento de dificultad debido a la complejidad del tema que, en ocasiones, parece rozar la contradicción. Por ello, debe tenerse presente aquello que el propio Cacciari dijo al inicio de su exposición: 'Desde sus orígenes, la ciudad está 'investida' de una doble corriente de 'deseos': deseamos la ciudad como 'regazo', como 'madre', y, al mismo tiempo, como 'máquina', como 'instrumento'; queremos que seaethos en el sentido originario de morada y estancia y, al mismo tiempo, un medio complejo de funciones; le pedimos seguridad y 'paz' y, al mismo tiempo, pretendemos que tenga unas eficiencia, eficacia y movilidad extremas. La ciudad esta sometida a preguntas contradictorias. Querer superar tales contradicciones es una mala utopía. Al contrario, se requiere darle forma . La ciudad en su historia es el experimento perenne para dar forma a la contradicción, al conflicto.' 

Copyright del texto: sus autores 
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

Extracto del Capítulo 1:

'Polis y civitas: la raíz étnica y la concepción móvil de la ciudad 

Comenzaremos con algunas precisiones histórico-terminológicas, pues hablar de la ciudad en términos generales no tiene mucho sentido. No existe la Ciudad, sino que exis¬ten diversas y diferenciadas formas de vida urbana. No es casualidad que 'ciudad' se diga de diferentes maneras. 

Por ejemplo, en latín no existe una palabra correspondiente a la griega polis . La diferencia entre ambos idiomas atañe al origen de la ciudad y constituye una diferencia esencial. Cuando un griego habla de polis , en primer lugar se refiere a la sede, a la morada, al lugar donde tiene su raíz un determinado genos , una determinada estirpe, una gente (gens/genos ). En griego el término polis resuena inmediatamente a una idea fuerte de arraigo. La polis es aquel lugar donde una gente determinada, específica por sus tradiciones, por sus costumbres, tiene su sede, su propio ethos. En griego ethoses un término que alude a la misma raíz latina sedes y carece de cualquier significado simplemente moral, que, en cambio, sí tiene elmos latino. Los mores latinos son tradiciones, costumbres; el ethos>griego es la sede, antes y más originariamente que toda costumbre y tradición, el lugar donde mi gente tiene su morada tradicional. Y la polis es precisamente el lugar del ethos, el lugar que sirve como sede a una gente. 

Esta determinación ontológica y genealógica del término polis no se encuentra en el término latino civitas. La diferencia es radical porque, si reflexionamos detenidamente, en el término latino civitasse manifiesta su procedencia a partir del civis, y los cives forman un conjunto de personas que se reúnen para dar vida a una ciudad. El gran lingüista centroeuropeo Émile Benveniste ya puso de manifiesto todo esto hace mucho tiempo. 

Por tanto, no existe madame la ville, como tampoco existe monsieur le capital o madame la terre. Civitas es un término que deriva decivis, de modo que, en cualquier caso, aparece como el producto de los cives en su concurrencia conjunta en un mismo lugar y en el sometimiento a las mismas leyes. En cambio, en griego la relación es totalmente inversa porque el término fundamental es polis, y el derivado es polites, el ciudadano. Nótese la perfecta correspondencia entre la desinencia de polites y de civitas; en el último término se alude a la ciudad, en el primero al ciudadano. Desde el inicio, los romanos consideraron que la civitas era aquello que se produce cuando diversas personas se someten a las mismas leyes, independientemente de su determinación étnica o religiosa. Éste es un rasgo absolutamente característico y extraordinario de la Constitución romana respecto a toda la historia de las ciudades griegas y helenísticas precedentes, rasgo fundamental para entender después toda la fuerza política de la historia romana, el acento político -en el sentido actual del término- que domina la historia romana.' 

-RDF CARD-
9788425223310
80
2010

Este texto tiene su origen en un seminario celebrado en el Centro Sant’Apollinare de Fiesole. Las ponencias de Massimo Cacciari han sido transcritas cuidadosamente por Tonino Nasuto y revisadas por el responsable del centro. A pesar de que el texto conserve voluntariamente cierto estilo 'hablado', no está exento de dificultad debido a la complejidad del tema que, en ocasiones, parece rozar la contradicción. Por ello, debe tenerse presente aquello que el propio Cacciari dijo al inicio de su exposición: 'Desde sus orígenes, la ciudad está 'investida' de una doble corriente de 'deseos': deseamos la ciudad como 'regazo', como 'madre', y, al mismo tiempo, como 'máquina', como 'instrumento'; queremos que seaethos en el sentido originario de morada y estancia y, al mismo tiempo, un medio complejo de funciones; le pedimos seguridad y 'paz' y, al mismo tiempo, pretendemos que tenga unas eficiencia, eficacia y movilidad extremas. La ciudad esta sometida a preguntas contradictorias. Querer superar tales contradicciones es una mala utopía. Al contrario, se requiere darle forma . La ciudad en su historia es el experimento perenne para dar forma a la contradicción, al conflicto.' 

Copyright del texto: sus autores 
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

Extracto del Capítulo 1:

'Polis y civitas: la raíz étnica y la concepción móvil de la ciudad 

Comenzaremos con algunas precisiones histórico-terminológicas, pues hablar de la ciudad en términos generales no tiene mucho sentido. No existe la Ciudad, sino que exis¬ten diversas y diferenciadas formas de vida urbana. No es casualidad que 'ciudad' se diga de diferentes maneras. 

Por ejemplo, en latín no existe una palabra correspondiente a la griega polis . La diferencia entre ambos idiomas atañe al origen de la ciudad y constituye una diferencia esencial. Cuando un griego habla de polis , en primer lugar se refiere a la sede, a la morada, al lugar donde tiene su raíz un determinado genos , una determinada estirpe, una gente (gens/genos ). En griego el término polis resuena inmediatamente a una idea fuerte de arraigo. La polis es aquel lugar donde una gente determinada, específica por sus tradiciones, por sus costumbres, tiene su sede, su propio ethos. En griego ethoses un término que alude a la misma raíz latina sedes y carece de cualquier significado simplemente moral, que, en cambio, sí tiene elmos latino. Los mores latinos son tradiciones, costumbres; el ethos>griego es la sede, antes y más originariamente que toda costumbre y tradición, el lugar donde mi gente tiene su morada tradicional. Y la polis es precisamente el lugar del ethos, el lugar que sirve como sede a una gente. 

Esta determinación ontológica y genealógica del término polis no se encuentra en el término latino civitas. La diferencia es radical porque, si reflexionamos detenidamente, en el término latino civitasse manifiesta su procedencia a partir del civis, y los cives forman un conjunto de personas que se reúnen para dar vida a una ciudad. El gran lingüista centroeuropeo Émile Benveniste ya puso de manifiesto todo esto hace mucho tiempo. 

Por tanto, no existe madame la ville, como tampoco existe monsieur le capital o madame la terre. Civitas es un término que deriva decivis, de modo que, en cualquier caso, aparece como el producto de los cives en su concurrencia conjunta en un mismo lugar y en el sometimiento a las mismas leyes. En cambio, en griego la relación es totalmente inversa porque el término fundamental es polis, y el derivado es polites, el ciudadano. Nótese la perfecta correspondencia entre la desinencia de polites y de civitas; en el último término se alude a la ciudad, en el primero al ciudadano. Desde el inicio, los romanos consideraron que la civitas era aquello que se produce cuando diversas personas se someten a las mismas leyes, independientemente de su determinación étnica o religiosa. Éste es un rasgo absolutamente característico y extraordinario de la Constitución romana respecto a toda la historia de las ciudades griegas y helenísticas precedentes, rasgo fundamental para entender después toda la fuerza política de la historia romana, el acento político -en el sentido actual del término- que domina la historia romana.' 

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